Selectividad alimentaria infantil: consejos prácticos para ayudar a los padres en este desafío

Cantidad, lugar, compañía, horario, cuando el tema es la alimentación, los pequeños quieren elegir todo y crear sus propias reglas. Los niños están expuestos a los alimentos poco a poco y pueden ser poco receptivas; y aunque muchos padres lo ignoren, desarrollan dificultades alimentarias, como la selectividad.

Todos tenemos preferencias alimentarias, tenemos alimentos que no nos gustan, aquellos que amamos y también los que no tenemos interés en probar. Pero el límite entre lo que es común y lo que es peculiar (y que puede desencadenar una serie de problemas alimenticios) no queda claro, sobre todo en la infancia.

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Selectividad alimentaria: ¿cómo identificar?

Es preciso observar muy atentamente el comportamiento de los niños para encontrar anomalías. Hay dos perfiles de niños que encajan en el marco de selectividad alimentaria:

El niño que cambia de preferencias alimentarias constantemente: en este caso, el niño puede estar rechazando el alimento motivado por sus preferencias alimentarias, que cambian constantemente, en esta etapa de la vida.

El niño que presenta una aversión sistemática a algún alimento específico: aquí, el niño puede tener una aversión alimentaria sensorial (AAS). Esto se debe a la hipersensibilidad a los colores que no le agradan, texturas que causan sensación de disgusto en su boca o los olores difíciles de tolerar.

Al identificar el perfil, los padres deben revisar las directrices nutricionales que se aplican a cada caso, ejercitando su capacidad de entender la peculiaridad presentada por su hijo.

Autismo y selectividad alimentaria infantil

Los niños que están dentro del espectro autista suelen manifestar diversos niveles de selectividad en relación a su alimentación. Esto sucede porque los autistas suelen ser hipersensibles a los estímulos externos relacionados con el medio ambiente, como a los internos, influenciados por el tipo de alimento que están ingiriendo, por lo tanto, es necesario estar aún más atento a la calidad y estilo de alimentación adoptados. Es de gran importancia proporcionar entornos que ayuden a estos niños a comer de forma más tranquila y se sientan seguros para lidiar con los alimentos, así como mantener horarios regulares.

Además, en cuanto a la dieta, algunas indicaciones enumeradas son:

Retirar los alimentos vacíos de la dieta de tu hijo: caramelos, paletas, caramelos, snacks de paquete. Son un cúmulo de colorantes, conservantes y aditivos químicos sin ningún tipo de nutriente.

Cortar el refresco: Es un antialimento. Además de nutrir, roba los nutrientes, ya que se une a los minerales como el calcio, el magnesio y el zinc, lo que los hace ineficaces.

Atención al gluten: el gluten, en estos casos, debe ser reducido al máximo o retirado cuando queremos probar la sensibilidad del niño a esta proteína. Esto porque se puede pasar a la corriente sanguínea, activa el sistema reactivo del organismo. Además, puede sobrepasar la barrera hematoencefálica, provocando inflamación en el cerebro.

Consejos para tratar la selectividad alimentaria infantil

Una vez identificada la disfunción, lo mejor es buscar la ayuda de un especialista. A continuación, te presentamos algunos consejos:

No incluir el alimento rechazado en la dieta del niño, si tiene una posible aversión alimentaria.

No comparar el comportamiento selectivo en relación a los alimentos manifestado por el niño con otro niño que presente un comportamiento diferente, sobre todo en las ocasiones públicas y de manera vergonzosa.

Anima al niño a crear el diario de las emociones de alimentos, en donde se puede observar lo que cada alimento le genera.

En vez de preguntar de forma directa si el niño gusta o no del alimento, pide que describa el uso de atributos del alimento como la temperatura, sabor y textura. De esta forma, se estará desarrollando su percepción acerca de los sentidos utilizados a la hora de comer. Esto te ayudará a conocer mejor la naturaleza de su paladar.

Sobre todo es preciso tener paciencia y no imponer nada a los niños, obligarlos a comer un alimento no cambiará su relación con él (al menos no para mejor). Es preciso ser cuidadoso y creativo a la hora de la introducción de nuevos alimentos.

Selectividad alimentaria infantil, trastornos alimentarios y otros problemas

La selectividad alimentaria infantil no causa trastornos y problemas alimenticios, pero un marco de selectividad puede llevar a situaciones más graves al desencadenamiento de la mala relación que el individuo desarrolla con su propia alimentación.

Las posibles consecuencias son:

Desarrollo de déficits nutricionales relacionados con la carencia de los nutrientes presentes en los alimentos rechazados.

Aislamiento social causado por la dificultad de asistir a lugares que no ofrezcan las opciones alimentarias aceptadas.

Perjuicio de lo dispuesto en el desarrollo de los músculos de la masticación debido a la posible degeneración del sistema motor oral de poco uso.

La separación del niño en relación al universo de los alimentos y posible desarrollo de aversión a otros alimentos aumentando, cada vez más, el marco de selectividad.

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